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Comisión Congreso

para la Reconstrucción Social y Económica

Rafael-Matesaz

Rafael Matesanz Acedos

Creador de la Organización Nacional de Trasplantes

18 de junio de 2020

Intervención

Buenas tardes a todos. Antes de nada, quiero decir dos cosas, primero, agradecer a esta Comisión la posibilidad de explicarles mi experiencia y darles mi punto de vista respecto a cuáles son las acciones fundamentales a emprender para la reconstrucción de nuestro sistema sanitario y, segundo, unas palabras de recuerdo a todas las personas fallecidas o afectadas por la pandemia de COVID-19. Dicho esto, son tics de médico, para hacer una presentación nos valemos mucho de las diapositivas y de las presentaciones en PowerPoint. Yo creo que de esta forma se esquematizan mejor las ideas que les quiero transmitir, al menos en la primera parte, y luego ya pasaremos a discutir los aspectos más relevantes.

Para empezar, quiero dejar claro algo que creo que es fundamental, y es que las cuatro décadas de nuestra sanidad en democracia son una clara historia de éxito. Todo nuestro sistema sanitario, articulado en la Ley General de Sanidad del año 1986, ha representado en estas décadas el paso de un sistema fraccionado y basado en cuotas de trabajadores ―la antigua Seguridad Social― a otro universal, de excelencia y financiado con impuestos, aunque todavía mucha gente se refiera al sistema sanitario como Seguridad Social pero de una forma errónea. Sus logros los podríamos enumerar y nos llevaría mucho tiempo, pero se pueden resumir en cosas tan palpables como el aumento en nueve años de la esperanza de vida desde aquellos tiempos hasta ahora, la reducción a la cuarta parte de la mortalidad infantil, o la reducción a la mitad de la mortalidad ajustada por edad, o nuestro liderazgo mundial en donación y trasplantes desde hace ya veintiocho años, o un sistema exitoso de formación de médicos internos residentes que ha dado unos excelentes resultados y ha contribuido a potenciar nuestro sistema sanitario.
Todo eso está muy bien, pero lo cierto es que muchos venimos remarcando ya desde hace tiempo que nuestro sistema viene dando síntomas de fatiga desde hace años. Hará una década aproximadamente nuestra sanidad era la decimoquinta en eficiencia de todo el mundo; en esta última década hemos pasado de la decimoquinta a la tercera, y eso está muy bien y suena muy bien, lo que pasa es que la eficiencia de los resultados obtenidos según los recursos que se han empleado y ese ascenso de la decimoquinta a la tercera se ha hecho a expensas de dedicar menos recursos. Es decir, eso es lo que ha ocurrido y lo que nos ha puesto en ese trío de honor de sanidad más eficiente. Lo cierto es que desde la crisis de 2008 —yo no voy a abusar de las cifras, pero sí a dar algunas pinceladas—, el gasto sanitario se redujo en términos absolutos en un 10 % sin contar la inflación, contando la inflación y el encarecimiento de los productos, se puede calcular en un 16 %, es decir, hablando claro, uno de cada seis euros que gastábamos antes de la crisis del 2008 pues se perdió en el éter. Todas las partidas sufrieron este envite, desde un 10 % en recursos humanos, a expensas de la congelación de plantilla hasta la no renovación de las jubilaciones, etcétera. Se aumentó la inestabilidad laboral que, según un estudio de Comisiones Obreras, era de un 27 % en el año 2012 y que en estos momentos es de un 30 %, o sea, uno de cada tres sanitarios es un interino, no tienen estabilidad laboral, lo cual es tremendo. Asimismo, bajó la inversión sanitaria, bajaron las partidas de formación, por ejemplo, la Organización Nacional de Trasplantes se redujo en un 20 % y no se ha recuperado.
Yo creo que para definir exactamente lo que pasó basta este hecho, que la participación de la sanidad en el producto interior bruto español ha bajado del 6,67 al 6,24 y esas cifras van variando dependiendo de los conceptos que nosotros adoptemos pero, en fin, este es uno de los más aceptados, es decir, ha bajado medio punto porcentual en una década el gasto en sanidad de nuestro país. De ahí que el título de la diapositiva lo haya denominado una década perdida porque creo que en la carrera por consolidar nuestra sanidad, la última década ha sido bastante perdida. Las consecuencias son múltiples y ninguna positiva. Desde luego, el número de sanitarios ha ido disminuyendo, aparte de que los equipos lógicamente han ido envejeciendo al no irse no renovando las plantillas, que es uno de los mayores problemas que tiene nuestro sistema en estos momentos. Los jóvenes, ante esta perspectiva laboral, han ido emigrando y en estos momentos, en la mayoría de los países importantes de la Unión Europea, hay grandes cantidades de médicos y de enfermeras procedentes de España. El parque tecnológico es obsoleto, las listas de espera han ido aumentando y justo antes de la crisis de la pandemia se hizo un corte de las listas de espera; estábamos en seiscientas y pico mil personas, que ha sido el record de los últimos veinte años en número de personas en espera y en tiempos de espera. Últimamente se ha vuelto a dar otra cifra, hace tan solo unas semanas, y seguimos en esta línea, con lo cual va a ser realmente difícil ponerlas a cero y en lo relativo a la atención primaria, sobre la que ahora discutiremos la importancia para cualquier tipo de maniobra, se puede considerar que está bastante extenuada porque se le ha ido pidiendo cada vez una mayor carga laboral sin darles los recursos que les hacía falta.
En esta situación que, como ven ustedes, no era nada positiva, nos llega la pandemia del COVID-19 y del total de los sanitarios que se estima que hay en España, que son unos 650 000, ha habido más de 51 000 contagiados, más de 70 fallecidos, el 10 % de los contagiados han sido hospitalizados y el 1,6 % han recibido o necesitado ventilación mecánica, según datos del Ministerio de Sanidad. Todo esto se ha traducido en un agotamiento físico y psicológico que hace que la situación en nuestro Sistema Nacional de Salud en estos momentos sea bastante crítica por todos estos motivos que les estoy exponiendo. Dicho esto, tras todos estos datos que no invitan al optimismo, por dar alguna pincelada positiva, voy a decirles una frase de John Fitzgerald Kennedy, quien decía que los chinos utilizaban dos pinceladas para escribir la palabra crisis; una, que significaba peligro y la otra, que significaba oportunidad. Evidentemente, estamos en una situación crítica, pero también tenemos —y esta Comisión está dirigida a ello— la obligación como país de buscar una oportunidad para que nuestro Sistema Nacional de Salud realmente reciba un empujón, pero un empujón importante que le permita afrontar los retos de futuro.
El esquema de las propuestas que les voy a comentar seguía unas directrices que he visto en la subcomisión de Sanidad de esta Comisión, y que no les voy a reiterar ahora, si bien voy a tratar la mayoría de ellas, no todas, de una forma exhaustiva porque no tiene sentido, aunque luego, durante el diálogo, podremos tocar cualquiera de estos puntos sin menor problema.
El primer punto que yo quería resaltar así es el de la gobernanza. Con gobernanza me refiero al papel del Ministerio de Sanidad, su articulación con las comunidades autónomas, y a los recursos que se debe dedicar a ello. Yo creo que el Ministerio de Sanidad, tras las transferencias sanitarias realizadas en 2002, ha experimentado un proceso progresivo de adelgazamiento de su estructura, de sus competencias y de muchas de las fuerzas que son la garantía de que puede desempeñar su labor, por no decir otra cosa. Por eso en los últimos diez años hemos tenido nueve ministros de Sanidad, lo cual pone de manifiesto que no ha sido una prioridad precisamente para los distintos Gobiernos. Las competencias que en un momento estaban reunidas en el Paseo del Prado en estos momentos están diseminadas en cuatro ministerios: Sanidad, Asuntos Sociales, Consumo e Igualdad, que en su día también llegó a estar allí. Y no es verdad que la estructura de ese ministerio se haya multiplicado por cuatro, ni mucho menos. La estructura del ministerio se ha ido adelgazando y las dificultades para llevar a cabo su gestión se han visto claramente a lo largo de esta crisis sanitaria. Yo creo que es un aspecto fundamental reforzar el papel del Ministerio de Sanidad y su ligazón con las comunidades autónomas, como ahora discutiremos. Para eso hacen falta muchas cosas, lo primero que hace falta es un esfuerzo económico —yo entiendo que estamos en una situación muy complicada— sin el cual difícilmente vamos a conseguir reformar nada. En esa situación del 6,24 había planteado pasar al menos al 7,5 % del producto interior bruto en el gasto sanitario público. Esta era una cifra, la del 7,5, en la que en un momento hubo bastante acuerdo. Esta mañana he estado oyendo la comparecencia del ministro Salvador Illa, que lo ha planteado en un 7 %. Lo que pasa es que un 7 % realmente nos retrotraería a los niveles previos a la anterior crisis, que tampoco eran como para tirar cohetes. Si nosotros tenemos una serie de retos que ahora iré desgranando, yo creo que lo mínimo debería ser esto, que a los niveles actuales del PIB, que es posible que al acabar el año sean inferiores, serían alrededor de 15 000 millones.
Recuerdo que, por ejemplo, en una comparecencia realizada aquí hace unos días del presidente del Colegio de Médicos de Barcelona las cifras que él planteaba eran exactamente el doble, planteaba una cantidad para Cataluña que extrapolada a la población española representaba aproximadamente una inyección económica para el sistema del doble de lo que yo planteo aquí. ¿Qué se tendría que hacer con esto? Pues muchas cosas. Por una parte, luchar frente a las desigualdades. Algo que en estos momentos es clamoroso es la disminución progresiva de los fondos de cohesión, que para que tuvieran un papel deberían ser por lo menos de un 3 % de los presupuestos sanitarios. Eso significaría aproximadamente unos 2000 o 2200 millones de euros. En estos momentos la cifra que tiene es absolutamente ridícula. Se tendría que conseguir una mayor homogeneidad en el gasto sanitario, gasto sanitario per capita, que va desde 1710 euros para el País Vasco hasta 1153 por persona y año para las comunidades que menos gastan, con una media de 1617. Para que ustedes se hagan una idea de la situación, aunque no sean especialistas en el tema, les diré que en Europa hay nueve países con un gasto por persona y año superior a 3000 euros. Si hacemos una clasificación de lo que gastamos en relación con el número de euros por persona y año, nos encontramos en el puesto vigesimoquinto del mundo. Si lo hacemos por el porcentaje del PIB que gastamos en sanidad, estamos en el puesto vigesimoséptimo. Comprenderán ustedes que eso tan bonito de que tenemos la mejor sanidad del mundo, con estas cifras solamente se puede calificar de ensoñación o de milagro de los panes de los peces. No es posible, tenemos un muy buen sistema sanitario, con una gran calidad asistencial, una calidad de nivel de Europa del Oeste, pero con salarios de los profesionales sanitarios a nivel de Europa del Este. Y gracias a eso se está consiguiendo mantenerlo con este gasto, que, insisto, comparado con cualquiera de los países de nuestro entorno, es ridículo.
Eso hay que tenerlo claro y si realmente se quiere poder solucionar la situación actual de nuestro sistema sanitario, tenemos que intentar solventarlo. En todas las cosas que yo voy a plantear y que se han planteado aquí, un acuerdo entre todas las fuerzas políticas es fundamental, pero desde luego si en esto no se da, es imposible que se lleve a cabo. ¿Por qué? Porque el ministerio estará gobernado por el partido que tenga el Gobierno de la nación en un momento determinado, pero las comunidades tienen involucradas al resto del arco parlamentario. En unos lados lo gestionan unos, en otros lo gestionan otros y, en consecuencia, cualquier política que se quiera articular tiene que partir de un acuerdo previo por parte de todos. Si no, todo esto será agua mojada, realmente nos llegaremos a nada.
Lo primero que hay que conseguir son acuerdos más resolutivos del Consejo interterritorial. Cuidado, con esto no quiere decir que los acuerdos sean vinculantes porque sí. Yo he presidido una comisión del Consejo interterritorial — probablemente sea la que mejor ha funcionado durante estas últimas tres décadas— durante veinticinco años y en ese tiempo no ha habido que votar más que una sola vez una resolución que salió por 16 a 1, mientras que el resto siempre se han aprobado por unanimidad porque eran decisiones previamente muy discutidas, muy consensuadas. Eso pone de manifiesto que el Consejo interterritorial tiene un papel fundamental para el engarce con las comunidades autónomas y que es necesario potenciarlo. Creo que todo mundo está de acuerdo en que hay que hacer el desarrollo de la Ley General de Salud Pública del 2011, que quedó sin desarrollar por todos los motivos de la crisis, y crear una agencia nacional de salud pública. Para que el ministerio realmente tenga valor con las comunidades autónomas, sin intento de recentralizar nada —porque no tiene sentido en estos momentos—, es evidente que tiene que aportar valor a lo que hacen las comunidades, a la gestión del día a día. Es decir, si la Organización Nacional de Trasplantes ha funcionado es porque realmente aporta valor a lo que hacen las comunidades, no les quita competencias ni mucho menos, sino que les aporta datos, les aporta información, les ayuda. Exactamente igual que eso, es necesario dotar al ministerio de una serie de estas estructuras coordinadoras temáticas que, por ejemplo, se puedan encargar de unos sistemas de información mucho más ágiles que hasta ahora, de temas que necesitan una coordinación estatal como son, por ejemplo, las enfermedades raras o la oncología. Es decir, hay multitud aspectos que podríamos desgranar, aunque ahora no es el momento, y en los que el ministerio necesita una estructura completamente distinta que, insisto, no ha variado lo fundamental en los últimos treinta años. Para una medicina del siglo XXI es necesario hacer una reconsideración global de todos estos aspectos. Es fundamental una recuperación del Instituto de Salud Carlos III, que fue pasado primero a Economía y luego a Universidades por una decisión que, en mi opinión, fue absurda desde el minuto cero. En una situación de pandemia como esta, nos encontramos con que el Instituto Nacional de Epidemiología o el laboratorio de referencia de virus de Majadahonda no están en Sanidad; cosas tan curiosas como estas han ocurrido y creo que verdaderamente deberían solucionarse porque, además, eso sí que es una mera decisión política sin más. Hay que revisar la estrategia de salud mental. Ya había que hacerlo antes, pero en estos momentos, después de la pandemia, mucho más y, desde luego, hay que profesionalizar los cargos directivos y evitar injerencias políticas en el día a día.
El segundo aspecto que es fundamental y quiero resaltar aquí son los recursos humanos. La prioridad para levantar el Sistema Nacional de Salud debe ser reconquistar la confianza de los profesionales sanitarios, hoy día debo decir que bastante pérdida por todo lo acontecido durante la pandemia, por la falta de protección, por muchas otras cosas, hasta un límite tal que algunos de mis compañeros ya me han dicho que, desde luego, si tuvieran un plan B dejarían la sanidad. La situación, insisto, es muy grave; lo que se ha pasado es difícilmente explicable y difícilmente transmisible. La gente lo ha pasado muy mal, incluso aquellos que no se han contagiado y la situación es francamente grave. Evidentemente, cualquier acción tiene que pasar por una política retributiva, esto es obvio.
Antes les decía que los sueldos españoles de médicos y, sobre todo, de enfermería están a nivel de Europa Oriental y, efectivamente, es así. Comparando los sueldos de un médico español con otro francés o con un alemán, están en dos meces y media más, o están cinco veces por debajo que los de Estados Unidos o casi tres veces inferior cuando uno los compara con los de un médico británico. En el caso de las enfermeras es más todavía. Con esto se está produciendo en España algo que yo he observado —y observaba realmente con temor en muchos países de, por ejemplo, el norte de África— que es la emigración de profesionales, que encontraban otros sitios mucho mejor pagados y que, evidentemente, estaban quitando los mejores profesionales jóvenes de un país, en este caso de España, para ir a otros donde encuentran mucha mejor calidad de sus condiciones profesionales. Yo creo que esto es fundamental, igual que aumentar la estabilidad laboral que decíamos antes, ese grado de interinidad de un 30 % es básico. Igualmente, ha habido una serie de especialidades que lo han dado todo en esta pandemia y que, curiosamente, llevan intentando conseguir ese reconocimiento de su especialidad desde hace décadas. En eso están los médicos de urgencias y de enfermedades infecciosas. Algo que sería muy positivo y muy bien visto sería el reconocimiento de esas dos especialidades, a pesar de que haya quien se oponga. Parece que ya es una cuestión de justicia que no pase más tiempo sin ser reconocidas.
El modelo MIR, sin duda, tiene que ser reconsiderado, no vamos a entrar en esto. Es necesario reforzar los recursos humanos para garantizar una formación continuada —y esto es muy importante— e independiente de la industria farmacéutica, porque esa es la única la única vía para garantizar que los objetivos de esa formación sean positivos para el Sistema Nacional de Salud y no sean otros. Es necesario hacer una reordenación de las profesiones sanitarias, con un mayor aprovechamiento del enorme potencial de la enfermería. Nosotros tenemos en estos momentos en enfermeras por 100 000 habitantes exactamente la tercera parte que en Alemania. En gran medida ha sido porque muchas de esas enfermeras —que, curiosamente, para entrar en su carrera necesitan una de las notas más altas de la selectividad—no encuentran aquí condiciones de trabajo, no encuentran puestos de trabajo, y emigran. Creo que es fundamental y básico, para cualquier acción que se desarrolle, esta potenciación de la enfermería.
Si me dijeran cuál es el punto fundamental para reforzar el sistema de cara a un eventual rebrote de la pandemia y de cara, sin más, a reconstruir la nueva sanidad que precisa España para el siglo XXI, yo creo que sería éste: la atención primaria, reforzar la atención primaria. Cualquier nuevo brote es necesario pararlo antes de que llegue al hospital. Eso no se puede hacer más que con un refuerzo muy importante de la atención primaria. Lo primero, qué recursos económicos se necesitan para ello. En estos momentos la atención primaria recibe el 13,9 % del presupuesto sanitario. Desde hace ya bastante tiempo hay un consenso de que debería tener al menos la cuarta parte, es decir, un 25 %. Yo no soy tan ambicioso a corto plazo, pero, a corto plazo, si se quiere hacer algo, realmente tendríamos que pasar del 13,9 al 20 %. Esto significa 4500 millones y con el compromiso, a medio plazo, de llegar realmente al 25 %. ¿Para qué? Para todo lo que vamos a ver ahora. Por una parte, esa atención primaria tendría que ser radicalmente distinta de lo que es ahora, habría que subrayar el enfoque comunitario de la medicina de familia, es decir, que tuvieran un papel fundamental en salud pública. Por ejemplo, todo lo que ha fallado en esta pandemia en cuanto a detección de nuevos casos tiene que estar reforzado por parte de la primaria. Es necesario que tenga una mayor capacidad resolutiva, dándole acceso a más pruebas diagnósticas. Es necesario, por ejemplo, que se involucre en el tratamiento de la cronicidad. En estos momentos, de todas las personas que llegan de más de sesenta y cinco años, las tres cuartas partes tienen, al menos, un problema crónico. Este número de problemas crónicos aumenta a medida que va aumentando la edad. Se calcula que el 76 % de la actividad sanitaria en primaria y en hospitales obedece a la cronicidad. A veces estos enfermos están vistos por cuatro, cinco y seis especialistas. Es necesario que realmente la atención primaria juegue un papel fundamental y resuelva la mayoría de estos problemas. Y esto solo se puede hacer reforzando la primaria. Igualmente, como luego veremos, es fundamental reforzar la primaria para el campo sociosanitario, para uno de los agujeros negros de esta pandemia que han sido las residencias de ancianos. Y esto solamente se puede basar en un reforzamiento de la atención primaria. De manera que este es para mí el punto fundamental. Desde luego, los otros son necesarios, pero sin este es muy difícil hacer absolutamente nada.
La salud pública ha sido una de las grandes afectadas de toda la vida. Nunca se la ha prestado en España una gran atención, salvo en los primeros tiempos de la constitución del Sistema Nacional de Salud; después ha ido decayendo. Con la crisis de 2008 los presupuestos dedicados a la salud pública bajaron un 20 % y el estado de debilidad endémica se ha notado, evidentemente, en el momento en que ha hecho falta, como ha sido ahora. Es necesario reforzarlo y, sobre todo, basarlo en la atención primaria tanto en medicina como en enfermería. Creo que este es un punto fundamental también para que no nos vuelva a coger el toro, como ha ocurrido ahora.
¿La coordinación sociosanitaria? Esto daría para una conferencia. Pero creo que hay dos puntos a recalcar. En primer lugar, es necesaria una mayor coordinación sociosanitaria, no puede ser que las dependencias sean distintas. Tanto a nivel ministerial como de consejerías de autonomías, es necesario que lo social y lo sanitario vayan de la mano. La división en dos ministerios en estos momentos creo que ha sido un retroceso. Una de las cosas que ha puesto de manifiesto esta crisis ha sido esto, y no solamente a nivel estatal, sino también a nivel autonómico. Me parece que es un error que hay que resolver lo antes posible. Por otro lado, no quiero decir con esto que la solución al problema de las residencias de ancianos sea uniforme en todo el Estado, porque los modelos que nos encontramos son muy distintos, pero que, evidentemente, deben pivotar sobre un sistema de atención primaria me parece fundamental. Los ancianos que viven en estas residencias simplemente son ciudadanos españoles que tienen derecho a la misma asistencia que todos nosotros, lo que pasa es que viven en una residencia. En consecuencia, tienen que tener un acceso al sistema totalmente paralelo, y no estar en ese sentido discriminados ni positiva ni negativamente.
En política farmacéutica ya se han dicho la mayoría de las cosas que son obvias. Es necesario tener una industria estatal que pueda producir fármacos, vacunas u otros productos sanitarios de valor estratégico. Creo que todo el mundo se ha dado cuenta de que relegar toda la producción de casi todo en China y la India no es un buen negocio, porque hay una serie de productos que son absolutamente estratégicos y que, evidentemente, España, como país, y la Unión Europea, sobre todo, no pueden delegar, y han de tener unas reservas estratégicas a nivel autonómico, estatal y europeo de los principios activos que son fundamentales y de productos que pueden ser fundamentales en una pandemia como esta, como pueden ser los respiradores, las mascarillas y todo esto que hemos ido comentando.
El modelo de atención sanitaria seguro que daría para discutir mucho, es decir, aquí hay que hacer muchas cosas. Pero ¿es necesario cambiar radicalmente nuestro modelo? Diría que no. Creo que hay que hacer cambios que son estratégicos y muy importantes, y esto que les he contado de la atención primaria lo es; de alguna manera no debería serlo, pero acaba siéndolo, por ser revolucionario, dar ese impulso a toda la atención primaria. Creo que esa reducción progresiva del hospitalocentrismo debe hacerse poco a poco y, sobre todo, en este sentido —es por lo que les decía que hace falta un consenso—, porque cualquier posible incremento del presupuesto sanitario no se debe dedicar de forma exclusiva o prioritaria a lo que se estaba gastando antes. Si hacemos eso, realmente no estaremos cambiando absolutamente nada, y para ello hace falta un acuerdo, porque, si no, cada comunidad realmente hará lo que mejor le parezca. Por eso digo que es necesario un acuerdo entre las fuerzas políticas para solventar todo esto.
Otro aspecto —y con esto ya termino— es el de los daños colaterales del COVID-19. Evidentemente, antes les hablaba de las listas de espera, tanto quirúrgicas como de pruebas diagnósticas, que se han disparado. En estos momentos están en stand by, porque las consultas también están paradas y, en consecuencia, no se generan más indicaciones. Pero, cuando todo el sistema esté de nuevo funcionando, sin duda las listas de espera se van a disparar. La gente no ha ido a los hospitales por miedo lógico a contagiarse. Y esto se ha visto en determinadas patologías, por ejemplo, en el infarto de miocardio, que ha disminuido entre un 40 y un 50 %. Y ha ocurrido en España y en Italia igualmente, que es un país con similares cifras a las españolas. Por disminuir, han disminuido hasta las apendicitis, probablemente porque muchas de ellas no han ido al hospital, y seguramente más de un enfermo y de dos habrá fallecido por este motivo. Han disminuido los ictus; bueno, no es que hayan disminuido, sino el número de personas que han ido al hospital a recibir esa asistencia. Entonces, son necesarios planes de contingencia para todas las especialidades. Les había puesto un ejemplo, que es el que ha desarrollado la Organización Nacional de Transplantes, con una monitorización muy precisa de la actividad de los trasplantes, que ha caído hasta más de un 90 % en la primera semana postestado de alarma. Realmente, se venían haciendo cerca de dieciséis trasplantes al día, y bajaron hasta dos y tres. Afortunadamente, al disminuir la presión en las UCI, se ha ido recuperando, pero todavía en estos momentos están a un 50 o un 60 %, es decir, no se han recuperado, ni mucho menos, a su nivel de crucero. Pero, como digo, lo que es importante es monitorizarlo y tener planes muy claros para mejorar todo esto.
Quiero finalizar diciendo que todo siga igual evidentemente no puede ni debe ser una opción. Creo que es un momento para realmente dar un giro, y un giro importante a nuestra sanidad, que la permita adquirir fuerzas para el futuro. Muchas gracias por su atención.

Preguntas de los grupos parlamentarios

Josune-Gorospe

Josune Gorospe Elezcanoo

GP Vasco
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Díaz-Gómez,-Guillermo

Guillermo Díaz Gómez

GP Ciudadanos
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Cañadell-Salvia,-Concep

Concep Cañadell Salvia

GP Plural – Junts
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Granollers-Cunillera,-Inés--(GR)

Inés  Granollers Cunillera

GP Republicano
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Medel-Pérez,-Rosa-María

Rosa María Medel Pérez

GP Confederal UP
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Steegmann-Olmedillas

Juan Luis Steegmann Olmedillas

GP Vox
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plantilla_diputado

Ana Pastor Julián

GP Popular
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Ana-Prieto

Ana Prieto Nieto

GP Socialista
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Josune Gorospe Elezcano (GP Vasco)

Buenas tardes, señor Matesanz. Gracias por las explicaciones dadas y por venir a esta Comisión y compartir con nosotros sus reflexiones.
Estamos totalmente de acuerdo con usted en que nada puede seguir igual y que de una crisis la segunda pincelada tiene que ser siempre una oportunidad en todos los órdenes de la vida y que también de nosotras y de nosotros dependerá aprovecharla. No sé cuál es la letra; estaba usted hablando, y estaba intentando trazar cuál sería la letra, porque a lo largo de esta crisis de la pandemia todos hemos estado con que si la salida puede ser en uve o en ele. No sé para la crisis sanitaria de este sistema, que necesita tener una salida, qué letra será, pero seguiré haciendo trazos, como los chinos, a ver si consigo una letra, que ojalá fuera muy parecida a la uve. Lo que tenemos claro es que no tiene que ser con parches. Y este es uno de los miedos que nuestro grupo tiene. Con este furor, esta ansiedad y esta motivación que todos tenemos, porque vemos que hay que salir de esta, nos da miedo que hagamos una reflexión muy acelerada y que estemos confundiendo lo urgente con lo importante y que, con ánimo de dar respuesta a lo que es una necesidad y también una demanda social clara, lleguemos a un acuerdo, terminemos por acordar aspectos que necesitarían un poco más de reposo, un análisis probablemente más sereno, más riguroso, y que no lo hagamos así. No sé si usted comparte con nosotros esta preocupación.
En segundo lugar, usted ha hablado de la organización. También nosotros tenemos la sensación de que esa excesiva atomización de los ministerios no es positiva para poder tener una respuesta concentrada, acertada, coordinada ante situaciones de crisis sanitaria como la que hemos tenido. Decía usted que todavía no era algo prioritario en la agenda política, pero desde ahora, con esas oportunidades que surgen, el ámbito sanitario será una de las prioridades. Lo que nosotros no consideramos —no sé qué opina usted— es que restar descentralización, restar poder a las comunidades autónomas, restar capacidad no solo de gestionar y de ejecutar, sino también de decidir a las comunidades autónomas sea la salida, porque en estas cuatro décadas que usted decía que han sido de éxito creo que la descentralización ha sido una de las claves del mismo.
En cuanto a los recursos humanos, que usted abordaba como una de las grandes cuestiones a la que debemos responder, estamos totalmente de acuerdo. Creemos que se deben adoptar medidas en cuanto a su formación, a su especialización y a la incorporación de nuevas profesiones, no voy a decir que con carácter urgente, pero, desde luego, hay que dar una respuesta, y también a su situación de estabilidad y política retributiva. Ha hablado del envejecimiento con respecto a los recursos humanos, y entendemos que aquellas medidas que se adopten ya tienen que ser para las nuevas generaciones. Estamos en un impasse no solo por la situación que hemos vivido, sino porque, efectivamente, entrará una nueva camada de profesionales, que debería tener ese nuevo marco.
En cuanto a la financiación, dos cuestiones. En primer lugar, como indicador para la financiación siempre se utiliza el porcentaje sobre el producto interior bruto, pero nosotros tenemos la duda de si es el mejor indicador. Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, probablemente, si miramos cuánto destina de su producto interior bruto, supondrá uno de los mayores esfuerzos económicos, y, sin embargo, no sé si alguien querría tener el mismo sistema sanitario que ellos, y no el nuestro. Y en cuanto a inequidades, tampoco es una referencia para los demás, y entendemos que surgirían muchas tensiones.
Ha hablado de un parque tecnológico obsoleto, y todos sabemos cuál es el coste de las nuevas tecnologías y lo que ello supondría. Puede haber tensiones entre los nuevos esfuerzos y unos recursos que se van a ver diezmados.
Respecto a Europa, ¿podría decirnos qué papel cree que tiene que jugar en esa nueva coordinación, en ese nuevo escenario del sistema sanitario, de reestructuración en cuanto a salud pública, por ejemplo, respecto a datos, información y agencias?
Por último, usted tiene el honor de ser el creador, el fundador y exdirector de una de las joyas de la corona, todo el mundo lo ha venido presentando así. ¿Cuáles son las claves del éxito, de las que podemos aprender, de esa Organización Nacional de Trasplantes? Ha dicho que ha seguido el guion de la Comisión para hacer su exposición, salvo que le haya entendido mal. Fuera de guion, ¿qué más nos recomendaría?
Gracias.

Guillermo Díaz Gómez (GP Ciudadanos)

Gracias, señor Matesanz, por su exposición y por la extensa documentación que nos ha hecho llegar. Compartimos plenamente buena parte del diagnóstico que ha hecho, especialmente en lo relativo a cuestiones de gobernanza. Creemos que la atomización del ministerio ha perjudicado mucho, y sepa usted —aunque me ha parecido entenderle que ha seguido parte de las comparecencias de esta Comisión— que es una constante denunciar la descoordinación que se ha sufrido a causa de la atomización y de la falta de liderazgo del Ministerio de Sanidad, que debería crear o desarrollar alguna de las estructuras que le permite la Ley General de Salud Pública.
¿Puede usted poner algún ejemplo acerca del reforzamiento del Ministerio de Sanidad? Habla de estructuras temáticas coordinadas. ¿Puede poner un par de ejemplos que considere que sería importante que se desarrollasen?
Por otro lado, aunque parezca evidente con la telemedicina y demás, ¿cómo cree que pueden ayudar las nuevas tecnologías a la atención primaria en algunos aspectos? ¿Cree que hay profesiones no sanitarias que se pueden incorporar a la sanidad —profesiones, sobre todo, vinculadas a otros campos científicos o tecnológicos que ahora mismo no están en la sanidad—?
Con respecto a la profesionalización de los cargos directivos, ya se ha dicho que se ha primado la lealtad, frente a la eficiencia. ¿Cree que deberían ser más autónomos los centros sanitarios en su gestión? Otros comparecientes han planteado que si tuvieran más poder sobre sus recursos con respecto a la gestión, podrían mejorar la gestión del hospital o del centro de atención primaria.
Compartimos absolutamente, como se indica en la documentación, el hecho de dar menos peso a la antigüedad y más al mérito en cuanto a la selección del personal; sin que la antigüedad deje de pesar, hay que reequilibrar el valor de cada una de estas cuestiones.
Por último, ¿cómo cree usted que podría incentivarse tener médicos rurales y más sanidad en el mundo rural? Hemos escuchado medidas como incentivarles económicamente, facilitar la conciliación familiar con un sistema de permisos o de trabajo por bloques, por semanas. Me gustaría saber si tiene alguna opinión o propuesta en este sentido.
Tenía más preguntas, pero las ha ido usted respondiendo durante su intervención. Se lo agradezco mucho. Y muchas felicidades por el trabajo que ha desarrollado usted en el pasado. Es un orgullo suyo, pero también un orgullo de todos.
Muchas gracias.

 

Concep Cañadell Salvia (GP Plural – Junts)

Gracias, presidente. Buenas tardes, Rafael. He creído entender que en su intervención hacía alusión a las cifras que nos presentó el otro día el doctor Jaume Padrós y a la diferencia con las suyas. ¿Qué criterios utilizan? Si la diferencia en las cantidades es la que usted ha dicho, ¿es que utilizan diferentes criterios? ¿En qué se puede basar esta diferencia?
Todos estamos de acuerdo en que uno de los grandes problemas ―así lo han venido diciendo varios comparecientes― es la aportación en los presupuestos y la inversión. El dato que nos preocupa es el de recursos humanos en sanidad. Creo que están muy tensionados y, como usted ha dicho, envejecidos, porque no ha habido renovación. Pero el problema que tenemos encima de la mesa es el de ese potencial humano que está formado y no encuentra trabajo aquí. ¿Qué se podría hacer para que estos jóvenes pudieran contribuir a mejorar la sanidad en nuestro país?
En cuanto a las listas de espera, el teletrabajo ha venido para quedarse, y esto lo hemos dicho en varias comisiones. ¿Cree que puede ayudarnos a reducir las listas de espera? En el día a día creo que usted es médico en trasplantes, si no le he entendido mal. ¿Cómo se han visto afectadas las listas de espera? Usted ya lo ha dicho, pero también he mirado documentación y sé que se han hecho trasplantes. Supongo que la lista de espera ha crecido, pero ¿los trasplantes urgentes se han podido atender? Dentro de la desgracia, ¿se han beneficiado personas por que se hayan podido hacer trasplantes de personas que han padecido el COVID-19?
Gracias.

 

Inés Granollers Cunillera (GP Republicano)

Felicitaciones al doctor Matesanz. Le agradecemos mucho sus reflexiones. Creemos que es muy importante buscar oportunidades en épocas de crisis y, tal como ha dicho usted que tendríamos que reforzar la atención primaria porque es la que más conoce a sus pacientes, también apostamos por que siempre sean las administraciones territoriales las que lleven la sanidad en días tan difíciles como estos.
Tengo algunas preguntas que hacerle. Si tenemos en cuenta el envejecimiento de la población y la atención a las cronicidades complejas de las que nos ha hablado, ¿cuál es el incremento de la financiación estructural del Sistema Nacional de Salud que considera imprescindible para adaptarnos a las necesidades del pos-COVID? Teniendo en cuenta que nos ha dicho que las inversiones por habitante oscilan entre los 1153 a los 1710 euros, ¿cuál le parece a usted que sería la cifra óptima para el Estado español? ¿Qué le parece el incumplimiento de la financiación de la Ley de dependencia y en qué medida cree que dicha ley es o no suficiente para afrontar parte de los problemas demográficos a los que nos enfrentamos? ¿Qué papel debe jugar el uso de la tecnología y los nuevos modelos de atención no presenciales en el futuro del sistema? ¿Cómo cree que debe ser el marco de coordinación de los sistemas de salud y sociales? ¿Qué papel debe jugar la atención domiciliaria y cuál es el paradigma sociosanitario? Para acabar, ¿cree que es necesario abrir un debate bioético sobre los cambios en el sistema que se empiezan a plantear y el papel, por ejemplo, del uso de la tecnología o el acompañamiento en el final de la vida?
Gracias.

Rosa María Medel Pérez (GP Confederal UP)

Buenas tardes y bienvenido, doctor Matesanz. Quiero referirme a algunos puntos que usted ha resaltado, como el refuerzo del ministerio y el refuerzo de la atención primaria como base del sistema. Me ha llamado la atención, porque estoy muy de acuerdo con ello, exigir que la formación continuada de los médicos sea independiente de la industria farmacéutica. Estoy de acuerdo con todo lo que usted ha dicho.
He leído en el libro sobre la Organización Nacional de Transplantes ―con ello haré luego la pregunta— que su modelo ha conseguido una coordinación fructífera y óptima en distintos niveles, en el hospitalario, en el autonómico y en el nacional, y cuenta, por ejemplo, que en un proceso de donación multiorgánica pueden actuar hasta cien personas, entre profesionales sanitarios, personal de hospitales, comunidades, aeropuertos, ambulancias, Policía, etcétera. Al final, por ejemplo ―esto lo añado yo―, los órganos de donantes valencianos ―yo soy de Valencia― pueden salvar la vida o salvan la vida de gallegos, vascos, catalanes o riojanos. Quiero decir que es un gran proceso, caracterizado por el altruismo y la equidad. Usted dice que la característica de la ONT es el altruismo y la equidad, que me parece fundamental. Pienso que la donación se produce porque no hay la más mínima sospecha de negocio en ese procedimiento, como ustedes dicen en el libro. Yo creo que el altruismo y la equidad son también características de un sistema nacional de salud público, y ustedes forman parte de un sistema nacional público. Se me hace difícil pensar, con respecto a toda esa organización que usted ha dirigido, en un sistema privado; me parece imposible. Entonces, si el altruismo y la equidad son los rasgos que definen a su organización, ¿cree que debe ser ese el rasgo que defina al Sistema Nacional de Salud? ¿Cree que debe ser la gestión del Sistema Nacional de Salud totalmente pública? ¿Cree que tiene cabida el negocio en un sistema nacional de salud financiado por impuestos? Según usted, eso es lo que hacen los donantes, o sea, los ciudadanos, es decir, los ciudadanos donamos y aguantamos el sistema con los impuestos que pagamos.
Por otra parte, ¿cree usted que hay inequidad entre las comunidades autónomas? Hay que reconocer que hay comunidades que invierten más en salud que otras. Y alguna podría considerar que las que menos invierten deberían invertir más, que para eso invierte ella —pienso que pensarán eso—. Creo que partir de ahora esa inequidad se debe disminuir de alguna manera, hay que encontrar un mecanismo para que no pase eso, es decir, que unas inviertan 1700 euros, que es la mitad de lo que se debería invertir, según lo que usted ha dicho, y otras muchísimo menos. ¿Cree que el consejo interterritorial, como órgano de coordinación y cooperación que es entre los servicios de salud y la Administración, podría jugar un papel similar a la Organización Nacional de Trasplantes? Nadie discute, ninguna comunidad autónoma discute a la Organización Nacional de Transportes que tiene que ser equitativa y altruista. Nadie discute eso, todo el mundo le reconoce a usted y a su organización todas las bondades. Y ello sin menoscabo de las competencias de las comunidades autónomas.
Gracias.

Juan Luis Steegmann Olmedillas (GP Vox)

Se me hace difícilísimo dirigirme a un compañero y a un maestro. Aunque no lo parece, porque está jovencísimo, yo fui residente del doctor Matesanz. Y preguntar a la Organización Nacional de Trasplantes por sus fallos, de los que podamos aprender, es como preguntar a Crick y Watson sobre el ADN. Es decir, la ONT es una historia de éxito, es una vaca sagrada de nuestro de nuestro sistema, es un buque insignia. Yo llegué al Hospital de la Princesa cuando empezábamos con el trasplante número 62 y me he ido con el trasplante número 2300.
No le quiero poner en dificultades, doctor Matesanz, pero usted ha sido muy crítico ―aquí tengo la declaración médica― con la gestión del Gobierno de la crisis de la COVID. Ha dicho, en concreto, que quién ha salvado a España no han sido sus autoridades, sino la gente de pie, y ha puesto el ejemplo del Ifema. Ha dicho que este tipo de pandemias se van a repetir periódicamente, y estamos de acuerdo con usted. Y ha dicho que hay que tomarse en serio el Ministerio de Sanidad, que se exija un mínimo de conocimiento, y no simplemente un carnet para dirigir un departamento. Además, ha dicho que las acciones de las autoridades sanitarias han venido marcadas por llegar tarde a casi todo. Pero no voy a incidir en ello.
Es cierto que una de las cosas que a mí me daba vergüenza en los congresos internacionales donde iba era decir lo que ganaba. Y ese es el secreto de la sanidad pública, señor presidente, señorías. El secreto es que nos pagan muy mal. Por eso es tan eficiente. Esto, evidentemente, hay que solucionarlo. Y lo primero que hay que hacer es premiar a todos los profesionales sanitarios que se han dejado la piel en esta crisis.
Dicho esto, solamente tengo una pregunta. Usted sabe que VOX propone la unificación, de hecho la recentralización, sí señor, porque creemos que es más eficaz. Y creemos que esta crisis, al contrario de lo que piensan otros grupos parlamentarios, a los que respeto muchísimo, ha demostrado que el Estado autonómico ha sido incapaz de responder. Pero la ONT es una historia de éxito, porque ha logrado dar trasplantes y tejidos a miles y miles de personas; miles de personas han salvado la vida, absolutamente de acuerdo. Ahora bien, le pregunto qué es lo que ha hecho que la ONT en estos momentos, salvo en cuatro órganos y tejidos, sea incapaz de dar resultados cualitativos. No le quiero poner en problemas, pero me da la impresión de que si siguiéramos así con el Estado autonómico pasaría que, efectivamente, tendríamos contados los muertos, señorías; si siguiéramos el ejemplo de la ONT, por supuesto que tendríamos contados los muertos, perfectamente, porque la ONT es muy eficiente, es el ejemplo de nuestra sanidad, pero a lo mejor no sabríamos algunos detalles sobre esos fallecimientos. Por lo tanto, nuestro grupo dice que ojalá tuviésemos una ONT para haber manejado esta pandemia, pero también decimos que hay algunos defectos del sistema autonómico, que son profundos, que hubiesen hecho imposible conocer, por ejemplo, la supervivencia de nuestros pacientes. Entonces, le pido, doctor Matesanz, que nos ilustre acerca de cómo podríamos haber conseguido un auténtico registro de pacientes, una auténtica acción coordinada para que, al menos, conociéramos todos los pronósticos, los tratamientos, los fallecimientos y las supervivencias de estos pacientes, a la luz de su magnífica experiencia en la ONT.
Señor presidente, muchas gracias por la indulgencia.

Ana Pastor Julián (GP Popular)

Muchas gracias, doctor Matesanz, por su intervención y, sobre todo, porque no nos ha contado su libro, que todos conocemos. Usted está aquí porque tiene otro libro que contar intensísimo y brillante y, sin duda, conoce muy bien, desde ese libro y desde esa historia que usted ha construido, el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud.
Usted ha abordado en su exposición desde el problema de la financiación sanitaria, pasando por la desgobernanza de la salud pública, la desgobernanza en la atención primaria, la desgobernanza del papel que tiene que tener la salud pública en la atención primaria, la descoordinación en atención primaria especializada, la descoordinación primaria especializada sociosanitaria, el problema de recursos humanos y de la formación de los profesionales; en fin, no ha dejado nada atrás. Coincido en todo con su disertación y con su análisis.
Yo lo que le quiero transmitir es que me alegro de que usted esté aquí, aunque sea en un momento como este, tan tremendo para la sociedad española y para el sistema sanitario español. Creo que coincide conmigo en que esta ha sido una crisis gravísima de salud pública, que no ha funcionado el sistema de vigilancia epidemiológica. Precisamente, usted ha presidido durante años un sistema y ha enseñado a muchos países del mundo cómo se monta un verdadero sistema de información, que es una de las claves del Sistema Nacional de Transplantes, un sistema en el que todos ganan, porque esto no es cuestión de quién gestiona de forma directa las competencias de una materia; se trata de cómo se coordinan esas competencias y cómo, si todos sumamos, salimos ganando. Por lo tanto, mi diagnóstico es que no hemos tenido un sistema de información y vigilancia epidemiológica que haya permitido tomar decisiones a tiempo. Y hay otro elemento fundamental, que es la desmotivación de la que usted ha hablado y que existe de nuestros profesionales.
Por lo tanto, yo le quería hacer tres preguntas. Pero, primero, quiero que sepa que, aunque en la televisión se ven muchas peleas entre políticos —que parecería que solo hay tirios y troyanos—, hay un margen muy importante para el entendimiento, y más para el entendimiento en materia sanitaria, porque creo que la inmensa mayoría de las personas que pertenecemos al sistema y de todos los parlamentarios es lograr puntos de encuentro, porque el diagnóstico le puedo decir que debe ser bastante aproximado. Hay decisiones que hay que tomar a corto plazo y otras que son a medio y largo plazo. Para un momento como el presente, que seguimos estando en estado de pandemia todavía, que tenemos decisiones que tomar, que hay que tomar decisiones en aeropuertos que no se han tomado, que hay que tomar decisiones con respecto a la vuelta de los niños al colegio y cómo vuelven, si usted tuviera que tomar decisiones en esta fase en la que estamos, ¿qué decisiones tomaría?, ¿cuáles serían las primeras? A medio plazo y largo plazo no se lo puedo preguntar.
En cuanto a la parte tecnológica y de formación de los profesionales, se ha visto en esta pandemia que los profesionales, cuando tienen que actuar, actúan, aunque nadie los coordine; por lo tanto, los profesionales, nuestros colegas, todos han hecho de todo. Pero, ¿no cree que se podría hacer una formación especializada, como ustedes hicieron en trasplantes? Porque ustedes no son solo los nefrólogos; son, además, los anestesistas, los intensivistas, enfermería, médicos y todos los profesionales. ¿Qué haría usted, qué recomendaría usted en este campo, que es el campo de algo sobrevenido, como es esta pandemia? Espero que no tengamos más, pero también puede ser una catástrofe natural. ¿Qué diría usted en materia de formación? Además, he de decirle que la formación, efectivamente, la tienen las instituciones. Esta es una cosa que le corresponde al sistema.
Como decíamos, a veces te despedían los compañeros regalándote un reloj, y lo que necesitas es que el propio sistema te reconozca que no es lo mismo entrar de adjunto que salir como jefe de servicio y que tiene que haber un desarrollo profesional.
Muchísimas gracias, no por venir hoy, que también, sino porque usted ha contribuido a dar prestigio a España y al Sistema Nacional de Trasplantes.

Ana Prieto Nieto (GP Socialista)

Señor Matesanz, muchísimas gracias por su presencia hoy aquí, pero quiero que las primeras palabras del grupo al que represento sean para lamentar las vidas perdidas durante toda esta pandemia y también agradecer nominadamente, ya que usted es sanitario, todo el trabajo realizado por todos los sanitarios y la sanitarias españolas durante todas las semanas que ha durado, y que todavía dura, esta pandemia.
Como han hecho los anteriores intervinientes, agradecemos sus propuestas y sus opiniones sobre cómo debemos afrontar los retos pendientes de nuestro sistema sanitario público. También cómo podemos mejorarlo para estar más preparados durante la convivencia con el virus, porque no hay que olvidar que el virus todavía continúa entre nosotros y, sobre todo, también qué hacer ante posibles rebrotes. Me gustaría poner en valor su gran experiencia, porque fundar la Organización Nacional de Trasplantes y estar veintiocho años dirigiéndola con éxito es causa de admiración por nuestra parte.
Como he dicho en mi anterior intervención, creo que podemos y debemos llegar a un acuerdo entre todas y entre todos los que estamos aquí con el ánimo de fortalecer nuestro sistema sanitario. Lo digo muchas veces y lo vuelvo a decir: España entera, las españolas y los españoles nos están mirando. Señor Matesanz, quisiera plantearle varias cuestiones, aunque tendría muchísimas que plantearles, pero voy a intentar ser concreta y ceñirme a algunas porque otras también han sido planteadas por algunos de los compañeros y compañeras de esta Comisión.
Usted es un gran conocedor del funcionamiento del Consejo Interterritorial de Salud y me gustaría que concretase en lo que usted pueda cómo reformaría, si lo considera oportuno, el consejo interterritorial para hacerlo más eficaz en el cumplimiento de sus funciones. Quisiera que profundizase en cómo debe ser la financiación de la sanidad y de la cohesión. Otra pregunta. Como ha hecho mención especial a las listas de espera, ¿podría darnos su opinión sobre cuál podría ser la mejor solución para abordar la situación actual de las listas de espera quirúrgicas? Y última pregunta. La Organización Nacional de Trasplantes es un modelo de éxito reconocido a nivel internacional y que nuestro Sistema Nacional de Salud sea de cobertura universal tiene mucho que ver. Me gustaría que profundizase en qué elementos de su éxito se podrían extrapolar a otros aspectos de nuestro Sistema Nacional de Salud.
Finalizo leyendo una frase que dijo usted en una entrevista hace unos días: «Es el momento de intentar aportar las mejores ideas posibles para conseguir recuperar un Sistema Nacional de Salud lo más sólido posible para todos nosotros y para las generaciones futuras». Usted termina esta entrevista con una frase de Einstein; yo voy a terminar con otra: «La lógica te lleva de A a B; la imaginación te lleva a todas partes».
Muchísimas gracias.

Respuestas

Voy a intentar ir contestando por orden de intervención, empezando por la señora Gorospe. Me gustaría, evidentemente, que fuera una V, pero no me parece que vaya a ser una V, porque realmente el sistema tiene heridas —heridas profundas— y yo creo que vamos a tener una recuperación con una pendiente de inclinación bastante más lenta que la que nos ha hecho caer. Desde luego eso lo estamos viendo. Antes les he mostrado la gráfica de trasplantes no para darles una lección de trasplantes, sino para poner de manifiesto que la donación de trasplantes es una especie de termómetro de lo que pasa en los hospitales. Es decir, se ha quedado prácticamente a cero porque todos los hospitales estaban absolutamente llenos de enfermos de COVID y eso imposibilita que haya ninguna donación de órganos porque todas las camas de UVI están ocupadas. Además, cuando alguien puede hacer una donación de órganos realmente es muy difícil hacerlo sin que el paciente corra un riesgo cierto de infectarse.

Entonces, el hecho de que se haya empezado a recuperar pone de manifiesto una cierta descompresión del sistema, o sea, es un termómetro y, tal y como se está recuperando el sistema de donación y trasplante, me da la impresión de que todo el sistema sanitario se va a recuperar en esa línea. Por ejemplo, respecto al tema de las listas de espera, que se ha tratado ahora, diré que, en general, las listas de espera son algo inversamente proporcional a los recursos que se ponen para corregirlas. Es decir, si las listas de espera son muy grandes y no se ponen recursos suficientes como para contratar a más cirujanos, más quirófanos, aumentar los horarios, etcétera, aquello no tiene solución. De hecho, siempre he dicho que la lista de espera quirúrgica realmente es una forma de copago del ciudadano, en lugar de en efectivo, en tiempo de espera. ¿Qué va a ocurrir ahora? Pues si el sistema no es capaz de inyectar una cantidad de recursos suficientes como para poner más consultas, más cirujanos, más de todo, evidentemente las listas de espera se van a disparar más todavía de lo que estaban, y esta es una aseveración cuasi matemática.
¿Que se pueden hacer cosas imaginativas, y aquí se ha apuntado ya el tema de la telemedicina? Evidentemente. Yo creo que uno de los giros copernicanos que tiene que dar el sistema es la introducción de nuevas tecnologías para hacer cosas distintas. Hay dos cosas que pueden incidir en que disminuyan las listas de espera sin que suponga una inversión directa de muchos más recursos. Una ―lo que decía antes―, que la atención primaria se ocupe de resolver problemas, muchos más problemas de los que resuelve. Entonces, por ejemplo, en las listas de espera de especialidades, de consultas, muchas de ellas pueden realmente frenarse antes de llegar a las mismas por no ser necesarias, y en ese sentido la telemedicina es fundamental. La telemedicina es básica a muchos niveles, es básica, por ejemplo, en la medicina rural, pero también es básica en la coordinación entre la primaria y el hospital, porque permite disminuir tiempos, permite agilizar cualquier consulta que tenga que hacer el médico de familia con el especialista. Es decir, en todo ese tipo de cosas que ya se estaban instaurando en nuestra sanidad yo creo que ha llegado el momento de apostar de una forma decidida por la telemedicina, y eso sí puede realmente ayudar a disminuir listas de espera, a acortar ese periodo. Pero, como digo, desde luego es complicado.
Yo coincido en que a la hora de tomar decisiones es muy importante diferenciar lo urgente de lo importante, porque hay algunas de las propuestas que yo he hecho aquí que evidentemente son urgentes porque están sobre todo relacionadas con reconquistar la confianza de los profesionales, punto uno, y con prevenir futuros rebrotes del virus, punto dos; pero, claro, el punto tres ―y casi más importante― es el refuerzo general de todo el Sistema Nacional de Salud, no para evitar que vengan nuevos rebrotes, sino para que realmente funcione mejor dentro de cuatro o de cinco o de diez años. O sea, yo creo que ahí las cosas urgentes son los dos primeros puntos y probablemente las cosas importantes son las que se refieren al tercero, lo que pasa es que muchas veces se enganchan unas cosas con otras. El refuerzo de la primaria para mí es fundamental, pero evidentemente también habrá que reforzar otra serie de aspectos.
Por ejemplo, cuando se habla de camas de UVI y cómo se ha respondido a la pandemia, un pequeño detalle: por ejemplo, Alemania es que tiene tres veces más camas de UVI por habitante que nosotros. Y, cuidado, porque eso a principios de siglo no era así. Este es un tema que yo tengo muy analizado, porque evidentemente la presencia de donantes en muerte encefálica está muy relacionada con el número de camas de UVI que tiene cada país. Y a principios de siglo, por ejemplo, nosotros teníamos más camas de UVI que los ingleses, y hoy no. Teníamos un lugar privilegiado en Europa en este sentido y, de hecho, los centroeuropeos y los británicos nos decían que teníamos tanto donante porque teníamos mucha cama de UVI, y hoy ocurre justamente lo contrario: estamos detrás de los ingleses, estamos detrás de los alemanes, estamos detrás de los franceses. Es decir se ha producido en ese sentido un retroceso muy grande y evidentemente habrá que pensar en ello y habrá que reconstruirlo en su momento.
Aquí se han hecho varias alusiones al tema de las competencias. Ese es un tema del que simplemente nuestra Constitución dice lo que dice, nuestra Ley General de Sanidad dice lo que dice, y ese tipo de cosas yo entiendo que en estos momentos no se pueden tocar. Entiendo la propuesta de Juan Luis Steegmann, pero en estos momentos la situación es la que es y, además, creo que la descentralización ha aportado grandes cosas al Sistema Nacional de Salud, y lo creo honestamente, lo que pasa es que España ha evolucionado hacia una especie de Estado federal sin que el Gobierno central se haya quedado con las competencias necesarias para hacer esa coordinación. Es decir, somos un Estado federal, pero sin competencias del Estado para llevar a cabo todas esas cosas, y eso, al final, es necesario para todos.
Muchas de las preguntas van dirigidas a qué se puede extrapolar de lo que ha hecho la ONT al resto del Sistema Nacional de Salud. Pues, miren ustedes, justo antes de la pandemia yo presenté un libro específicamente dedicado a eso, que se llamaba — y se sigue llamando— Gestión con alma, y en él lo que pongo de manifiesto es que realmente muchas de las enseñanzas de lo que hemos hecho con la ONT se pueden aplicar a todo el sistema porque en el fondo los trasplantes no son más que una parte del Sistema Nacional de Salud; una parte que, si no fuera por la calidad del Sistema Nacional de Salud, no podría tener lugar. La ONT no habría alcanzado realmente los logros que tiene si no se asentara sobre un muy buen Sistema Nacional de Salud y, cuidado, algo que es muy importante: de excelencia en las diecisiete comunidades autónomas, que es una de las cosas que yo he empezado resaltando en mi primera diapositiva.
En los años setenta había centros de excelencia en Madrid, Barcelona y poco más, pero hoy realmente se puede acudir a cualquier comunidad y encontrarse un centro de excelencia. Por ese motivo tenemos realmente un sistema de gestión tan sólido que luego se ha venido asentando en medidas de gestión muy importantes, y se ha asentado en ese sentido de generosidad y de altruismo de la población española, que responde muy bien cuando los mensajes son adecuados, que yo creo que es lo que ha ocurrido en este caso.
En ese sentido, yo creo que son muchas las enseñanzas que se pueden adquirir y una de ellas es el tema del consejo interterritorial. La ONT ha funcionado a expensas de la Comisión de Trasplantes del consejo interterritorial, y así ha venido funcionando exactamente desde el año 1991, es decir, va para treinta años, y realmente ha sido la comisión que ha conseguido más acuerdos, y todo lo que se ha logrado ha sido a expensas de un trabajo continuo y diario. Me preguntaba el doctor Steegmann que cómo se puede conseguir realmente esa gestión de datos. Le tengo que decir que desde luego no ha sido nada fácil porque en muchos casos las propias comunidades no disponían de esos datos, no era por mala voluntad que no los dieran, sino que simplemente no todas habían desarrollado un sistema de informaciones adecuado que permitiese proporcionar esos datos, y es precisamente por eso que en aquellos casos en que esa información no existía la generamos nosotros desde la ONT. Por ejemplo, había buenos datos en el tema renal, pero, por ejemplo, el registro español de trasplante de hígado se generó desde la ONT y el de pulmón exactamente lo mismo, y si algunas comunidades tenían su propio registro se conectaban y ya está, y no ha habido más historias. Pero, cuidado, es que eso no se improvisa de la noche a la mañana, es que cuando uno ve cómo responde un tema dentro del campo de los trasplantes es resultado de décadas de trabajo y décadas de relaciones entre personas y administraciones, lo que va generando una lealtad institucional, que yo debo decir que a mí no me ha fallado nunca. No puedo decir que ninguna comunidad se haya portado de una forma desleal con el sistema jamás, porque realmente todas las decisiones han sido consensuadas. No es que un día me levantara yo y se me ocurriera la gran idea y la pusiera en marcha. No, no, es que realmente nosotros hemos aprendido de quien lo hacía bien. Siempre he dicho que, por ejemplo, las primeras ideas de la ONT se extrajeron del País Vasco fundamentalmente, pero también de Cataluña y de algunos hospitales de Madrid, y con ese cóctel lo que se hizo realmente fue trasladarlo a todas las comunidades, algo tan sencillo como eso, y las cosas en ese sentido han funcionado.
En cuanto a lo que preguntaba la señora Gorospe, ya le he contestado que no se trata de restar nada. Yo soy la primera persona que ha defendido absolutamente todas las competencias de las comunidades y creo que lo que aporte un organismo estatal, como es el ministerio, tiene que ser además de y nunca en vez de, lo que pasa es que las comunidades realmente colaboran si efectivamente ven que lo que se hace desde el ministerio les aporta valor, les hace más fácil su día a día y todo este tipo de cosas.
La renovación del sistema requiere, en primer lugar, más recursos, pero también un esfuerzo de formación y de recuperación de personas, porque no se trata de decir de la noche a la mañana: necesito cuarenta mil médicos más. Se podrán contratar toda una serie de médicos que en estos momentos ya están en precario, pero a todos esos médicos habrá que ubicarles y habrá que darles una serie de responsabilidades, y en el tema de la nueva atención primaria habrá que entrenarles, y esto representa un esfuerzo muy considerable del sistema y, vuelvo a insistir, una necesidad de formación absolutamente independiente de injerencias externas, léase de la industria farmacéutica, tecnológica o lo que sea. Nosotros, en donación y trasplante, enseguida nos dimos cuenta de que nuestros intereses no tenían absolutamente nada que ver con los de la industria y que, en consecuencia, teníamos que tener unos mecanismos de formación absolutamente independientes que nos permitieran marcar prioridades, esas prioridades eran consensuadas con toda las comunidades y todos los profesionales y ya está, y de ahí no nos apartábamos. Esto, como digo, es absolutamente fundamental.
Ha preguntado también por el tema de la salud pública y Europa. En el año 2010 yo tuve una experiencia curiosa, y es que tuve que gestionar una directiva europea en un plazo de tres meses —lo cual parecía casi imposible— durante el periodo de Presidencia española. Fue la primera y única directiva que se aprobó durante ese periodo de Presidencia española, no se aprobó ninguna más. La verdad es que desde ese momento mi idea de la cooperación europea se reforzó por una parte y se estrechó por otra. Realmente llevar a cabo iniciativas en Bruselas es muy complicado porque son muchos los intereses que están en juego y convencerlos y ganar por goleada no es fácil. Una de las cosas que he tenido ocasión de leer durante esta pandemia, intentando entender una serie de cosas que se habían hecho, son una actas del FDC europeo, y a mí se me ha caído el alma a los pies. Hay que tener en cuenta que los organismos europeos, aunque a veces uno tenga una idea un tanto celestial de los mismos, son la suma más o menos algebraica de los distintos países, y los distintos países dan para lo que dan. Coger un avión a las siete de la mañana, llegar a Bruselas, empezar una reunión y seguirla todo el día con muchas discusiones en siete idiomas traducidos y a las cinco de la tarde ver que todo el mundo se empieza a ir porque su avión sale de vuelta es una experiencia habitual. Aquí se veía claramente que había ocurrido eso, que no habían llegado absolutamente a nada y que pensarían que la próxima vez lo harían. Esto supuso perder quince días. Europa funciona así. Mi fe en Europa tiene un cierto límite. Yo creo que aquí nos tenemos que aprovisionar bien y hacer las cosas bien y esperar que de vez en cuanto podamos llegar a acuerdos europeos, pero cuidado con confiar en esas grandes mentes preclaras que viven en Bruselas porque la cosa no funciona así.
El señor Díaz Gómez me planteaba el tema de la telemedicina y antes he dicho que me parece fundamental y que es algo que hay que potenciar. Una de las claves que en este momento hay que dar tiene que ser esa. Preguntaba la señora Pastor qué habría que hacer de forma inmediata. A mí me gustaría que de esta Comisión salieran unas ideas claras y que se difundieran a la opinión pública. La primera sería la del acuerdo entre partidos, que ya sería una idea fuerza, entre otras cosas por lo sorprendente. Yo creo que eso ya sería algo que ocuparía titulares, pero mandaría a la sociedad española un mensaje muy claro de que se quiere ir adelante. Primer punto. Segundo punto, lanzaría toda una serie de ideas fuerza que pudieran llegar a la población y que se viera que son factibles. Ha habido una serie de propuestas que he hecho yo que quizá sean algo más complejas de llevar a cabo y que la gente las entienda, porque eso de potenciar la atención primaria lo entendemos los que estamos en el sector, pero es difícil que esa idea de potenciar la atención primaria llegue a la gente. Pero algunas ideas sí pueden llegar perfectamente. Una es la económica. Esto se va a traducir en este aumento de los presupuestos que nos va a poner en este punto.
Antes me preguntaba que cuál era la diferencia de criterios entre lo que dijo Jaume Padrós y lo que dije yo. Jaume Padrós es más ambicioso. Con los cálculos que yo planteo, se trataría de llegar al 7,5 % del PIB. Los cálculos que hacía Jaume eran que harían falta unos 5000 millones para Cataluña —que es la sexta parte en población de España—, lo que querría decir unos 30 000 millones para todo el estado, que es justo el doble. ¿Y con eso qué se haría? Con eso nos pondríamos más o menos como Francia, que tampoco es que sea el paraíso porque ya ven cómo se manifiestan en París pidiendo más recursos, pero, bueno, nos harían pasar digamos que de una segunda división a una primera división europea. Lo que dicen en ese sentido el Colegio de Médicos de Barcelona y el resto de instituciones catalanas me parece muy correcto porque, en el fondo, están pidiendo las mismas cosas cualitativas que estoy pidiendo yo. Están planteando mejores sueldos, mejores condiciones de trabajo, renovación del sistema, etcétera. Evidentemente, es una propuesta más ambiciosa. Ahí está siempre el dilema entre lo que se pide y hasta dónde se puede llegar, pero, en el fondo, en la filosofía coincidimos plenamente, como no puede ser de otra forma.
Sobre lo de las ideas claras, decíamos que lo primero sería el acuerdo; segundo, la posibilidad de ver qué disponibilidades económicas se van a conseguir. Tercero, hay que ver eso en qué se va a traducir para los profesionales. Creo que en lo que se va a traducir para los profesionales es en cosas sencillas y que no son caras, por ejemplo, acabar con la interinidad, que es una cosa de traca. Que uno de cada tres profesionales sanitarios sea interino no es de recibo en estos momentos. Y no son de recibo muchas de las situaciones que hemos vivido y que estamos viviendo de médicos que habían sido contratados y que después son despedidos. También son cosas de sensibilidad, y si realmente salieran unas recomendaciones claras en ese sentido creo que podrían hacer mucho bien, porque sería un mensaje positivo. Insisto, si se produce un rebrote, su evolución va a depender de muchas cosas, pero fundamentalmente de los sanitarios, y si los sanitarios no han percibido realmente que hay una política clara de potenciación, si ya de por sí están bastante fastidiados, nos podemos meter en una situación muy complicada.
También planteaba el señor Díaz Gómez la inclusión de profesionales no sanitarios a la sanidad. Creo que la sanidad en estos momentos cada día es más de colaboración entre muy distintas profesiones. Yo tuve la experiencia hace ya muchos años de participar cuando se formó el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, donde intervinieron profesionales de todo tipo: ingenieros, especialistas en materiales, en prótesis, absolutamente de todo. Y aquello funcionó y sobre todo funcionó desde el punto de vista de la investigación y todo este tipo de cosas. Creo que no puede pensarse que el sanitario esté formado por médicos y enfermeras y ya, sino que realmente necesita psicólogos, rehabilitadores, expertos en telecomunicaciones; necesita absolutamente de todo y creo que es fundamental reconocer que esto es así. En cuanto al papel del médico rural, en una situación como la que se vive hoy de la España vaciada es absolutamente fundamental y es una figura que nos tenemos que empeñar en potenciar. Insisto, también la telemedicina juega un papel fundamental ahí. Ahí sí que hay que hacer una discriminación positiva con estos profesionales, porque, si no, es perfectamente lógico que no se quieran ir a un pueblo donde no tienen las mismas posibilidades de desarrollo profesional, simplemente de desarrollo profesional, que las que puedan tener en una capital. Creo que eso es absolutamente fundamental.
Preguntaba también por cómo han evolucionado los trasplantes, yo creo que eso ya lo he contestado en parte. La donación cayó, sobre todo, en aquellas zonas donde la presión asistencial era mayor y, fundamentalmente, fueron Madrid y Barcelona; no Cataluña, sino Barcelona. Porque, evidentemente, ha sido donde los hospitales han sufrido. Lo cual no quiere decir que, en los hospitales de Madrid o Barcelona, los grandes hospitales, no se haya seguido con la actividad trasplantadora, pero casi siempre has pensado que eran donaciones hechas en otros sitios, porque, evidentemente, en los grandes hospitales es donde se han podido hacer. Por otra parte, la actividad de donación y trasplante en niños se ha mantenido porque a los niños el COVID, afortunadamente, les afecta poco. En consecuencia, los hospitales infantiles se han mantenido razonablemente a salvo y se ha mantenido la actividad de donación y también la actividad de trasplante. De momento, la única paciente que ha sufrido el COVID que se ha trasplantado —no por el COVID, sino porque tenía una patología y se ha trasplantado porque tuvo una infección— fue en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona y era una niña. No ha habido más casos, en el mundo ha habido un par de trasplantes de pulmón a pacientes por COVID, pero, realmente, en España no se ha planteado ningún caso de daños producidos por el virus que hayan necesitado un trasplante.
El tema sociosanitario. Respecto a algunas de las preguntas que me han hecho relacionadas con los presupuestos y todo esto, reconozco que no soy experto; no soy un experto en temas sociales. Lo único que sí tengo claro es esto que les he transmitido, que realmente la mejor solución, desde el punto de vista sanitario, para las residencias de ancianos y para todo este tipo de instituciones es que entren dentro de la misma línea de la atención primaria. Esa es una de las razones fundamentales para reforzarla de una forma clara. Cuando se habla de medicalizar las residencias, hay que saber exactamente de lo que se está hablando y qué significado tiene. Si en lugar de eso, se hace una evaluación por parte del médico de primaria y se considera que aquellos ancianos más dependientes se les puede situar en residencias que estén parcialmente medicalizadas, yo creo que con eso se daría un gran paso. Evidentemente, el médico de primaria es quien tiene que establecer qué pacientes tienen que acceder en un momento determinado al hospital o quienes se pueden tratar in situ. Realmente ahí no quiero meterme en más posibilidades. Otra de las razones que se han dicho aquí —y que, evidentemente, es así— para reforzar la primaria es reforzar la atención domiciliaria. La atención domiciliaria es fundamental con el envejecimiento de la población y con la presencia de cada vez más polipatologías. En ese sentido, una de las de las cosas que también está pendiente es exactamente eso.
La reforma del consejo interterritorial. Antes lo comentaba, realmente en la comisión de trasplantes se han llegado a acuerdos que han funcionado bien; lo que pasa es que, cuando se llega al pleno del consejo interterritorial, nos encontramos con un órgano que ha estado fuertemente politizado y en el que —ha sido un clásico desde hace ya bastantes años— los de un partido votan en una dirección y los de otro partido votan en otra y, realmente, se han conseguido muy pocos acuerdos en ese sentido. Yo creo que no se trata de decir que los acuerdos del consejo interterritorial tienen que ser obligatorios y vinculantes, sino que realmente se articule un sistema por el cual las decisiones sean más colegiadas, lleguen al pleno más trabajadas y no se trate de improvisar en cada momento. Hay que cambiar por completo el reglamento del consejo, que yo creo que, en estos momentos, está absolutamente obsoleto. En ese sentido, el consejo interterritorial tiene que ser la pura expresión de la cogobernanza con las comunidades autónomas, es decir, allí es donde verdaderamente se tiene que traducir en esa gobernanza compartida, que es la única forma de que funcione, y de que funcione en la dirección adecuada, todo el Sistema Nacional de Salud.
Vamos a ver si quedan más cosas por aquí. Antes el representante de Unidas Podemos ha hecho una serie de consideraciones sobre la posible ubicación de un sistema de trasplantes en un Sistema Nacional de Salud no público. Es inviable, sin más. En estos momentos, si realmente se ha llegado al nivel de donación de trasplantes donde hemos llegado ha sido porque el sistema español, primero, es de cobertura universal y entonces el mensaje de «todo el mundo debe donar porque todo el mundo lo puede necesitar» tiene sentido, cosa que hay muy pocos países en el mundo donde eso tenga sentido. Por desgracia, en muchos países de Latinoamérica las donaciones se producen en los hospitales públicos y los trasplantes en los hospitales privados, con lo cual eso explica en gran parte que el sistema no funcione, no puede funcionar. Aquí en nuestro sistema, por ejemplo, todos los trasplantes de órganos, no así de tejidos, se hacen en hospitales públicos o en tres no públicos, pero con reglas de siempre, de toda la vida de esos hospitales públicos, tanto la distribución como la atribución de órganos; sin eso no podría funcionar, porque no podríamos garantizar al ciudadano que realmente el órgano que él dona vaya a la persona más adecuada.
En relación con la colaboración de la medicina privada, en estos momentos hay un acuerdo entre la ONT y las clínicas privadas para algo que es fundamental, y es que se produzcan donaciones en esos hospitales, no para que se produzcan trasplantes, sino para que se produzcan donaciones porque un sector de la población acude a la medicina privada, tiene camas de UVI y si realmente la persona que fallece en esos hospitales no hace la donación es como si estuviéramos quitando a un sector de la población española del sistema de donantes. Se ha firmado un acuerdo y se está trabajando en esa línea de protocolos, y a mí me parece que puede funcionar y que pueden ser donaciones que incrementen en un 5 % o un 10 %, tampoco mucho porque el sistema privado tampoco da para mucho más; en ese sentido, es a lo único a lo que se puede llegar. Pero los trasplantes de órganos tienen que mantenerse por encima de todo en el sector público, no ya los tejidos y la médula, que es otra historia, eso no tiene la dependencia de la donación y, en consecuencia, es una intervención quirúrgica o médica más, pero realmente en el caso de la donación de órganos es absolutamente fundamental y no cabe el negocio. En el momento en que interviniera cualquier viso de negocio, la gente evidentemente no donaría sus órganos.
El tema de la equidad. El tema de la equidad es fundamental, pero nunca se ha conseguido un gasto sanitario por habitante equivalente. Una de las experiencias que tuve es que fui director general del antiguo Insalud antes de que desapareciera. Entonces había diez comunidades, pues incluso con un mando único, la diferencia de presupuesto entre las diez comunidades que entonces gestionaba el Insalud —las históricas o clásicas ya habían sido transferidas— era desde las 1200 pesetas por enfermo y año —todavía estábamos en pesetas— hasta las setecientas y pico. O sea, había una diferencia entre las que más recibían, que solían ser las comunidades pequeñas porque el denominador de la población era más pequeño, tipo Asturias, tipo Aragón, y las que menos recibían, que solían ser las que tenían una población más alta porque entonces el denominador subía mucho. Pero lo que quiero decir es que el hecho de que haya un mando único, por decirlo así, no garantiza tampoco la equidad. Es muy difícil conseguir la equidad por muchos motivos, pero el sistema tiene que empeñarse en conseguirlo, y creo que ese es uno de los retos del futuro Ministerio de Sanidad: disponer de unos fondos de cohesión importantes, que en su día fueron algo importantes, y que después quedaron reducidos prácticamente a la nada.
La propuesta que se plantea aquí es una propuesta ambiciosa, que debe servir para eso, por ejemplo, para que una persona con una enfermedad rara, un niño con una enfermedad rara que esté en una comunidad donde no se trate esa enfermedad pueda ser enviado a un centro de referencia de otra comunidad y eso lo pague alguien, porque realmente en estos momentos eso no se paga. O, por ejemplo, personas que tienen un tratamiento con medicamentos que son muy caros, como los nuevos déficits enzimáticos, que son medicamentos que pueden valer hasta 300 000 o 400 000 euros por enfermo. Evidentemente, de eso alguien se tiene que hacer cargo sin que realmente pueda ser excesivamente oneroso para determinada comunidad. Es decir, el sistema tiene que hacer un esfuerzo grande por disminuir esas diferencias, y hay diferencias de hasta un 30 % entre la comunidad que gasta más y la comunidad que gasta menos. Hay comunidades más ricas y, evidentemente, el País Vasco dispone de más dinero para dedicar a la sanidad y puede haber otras comunidades que dediquen menos, pero también eso hay que irlo corrigiendo.
¿Cuál sería la cantidad adecuada? Pues ya he dicho que, si nosotros estamos en 1616, hay ocho países por encima de 3000. Evidentemente, no voy a decir que hay que llegar a los 3000 de la noche a la mañana, pero nos deberíamos poner por encima de los 2000, sin duda. Entonces, con las consideraciones que hacíamos antes del doctor Padrós, estaríamos rondando los 1900 y con dicha propuesta pasaríamos a los 2200 o 2300. Esas serían unas cifras razonables. Coincido en que el porcentaje del PIB no es la mejor opción, pero es lo que tenemos. Creo que hay que coger varios parámetros con el fin de llegar a una conclusión. Evidentemente, la medicina de Estados Unidos es la que da peores resultados para lo que se gasta: creo que en este momento están en un 13 % o un 14 %, más del doble que nosotros. Pero, claro, es lo que les decía antes: es que un médico en Estados Unidos gana exactamente cinco veces más que lo que gana un médico español. Es un sistema muy caro, muy ineficiente y, sobre todo, muy desigual, porque deja a una gran parte de la población sin atender. Efectivamente, no es el modelo, pero en Europa tenemos modelos más que sobrados para fijarnos en ellos y ver cómo funcionan.
Creo que con esto he intentado dar respuesta a la inmensa mayoría de las cuestiones.

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